
El eco de la llamada en el altar todavía resonaba en la mente de Adrián, quien con el smoking impecable y el teléfono pegado a la oreja intentaba procesar el llanto y las súplicas de Elena desde la fría habitación del hospital. Al escuchar el llanto del recién nacido a través de la línea, la fachada de triunfador de Adrián se derrumbó por completo, transformándose en una mezcla de furia e incredulidad mientras le exigía saber qué estaba pasando.
En el altar, los invitados comenzaron a murmurar al ver el cambio drástico en el rostro del novio, mientras la novia lo esperaba con una sonrisa confundida. Adrián, sintiendo que el suelo se le abría bajo los pies, cortó la llamada sin dar explicaciones, dio media vuelta y salió corriendo de la iglesia, dejando plantada en el altar a la mujer con la que pretendía iniciar una vida de lujos, abandonando todo por la familia que había negado.
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