
La Prisión Quebrantada
El paisaje invernal estaba cubierto por un espeso manto de nieve, mientras tres aldeanos —un hombre robusto con abrigo de pieles y dos ancianas envueltas en mantos oscuros y apoyadas en bastones— contemplaban con terror la estructura de piedra y madera que habían construido. Creían que al encerrar a aquella criatura bajo rocas y un pesado techo de madera maciza, jamás podría escapar de su cautiverio. Sin embargo, un destello de luz azul brillaba intensamente en la oscuridad del tejado, acompañado por unas enormes manos encanecidas que aferraban las vigas con fuerza sobrehumana.
—Dijeron que si lo encerráramos bajo una roca y un techo de madera pesado, no podría escapar… —murmuró una de las ancianas con voz temblorosa, viendo cómo la estructura comenzaba a ceder.
El Despertar de la Bestia
De pronto, un estruendo ensordecedor rompió la quietud del bosque nevado. Con un movimiento violento, el techo estalló en mil pedazos, astillando la madera y lloviendo rocas y polvo sobre los atónitos aldeanos. Entre la densa nube de polvo y fragmentos, emergió una figura colosal de piel pálida, cabello blanco y una larga barba, con unos aterradores ojos que brillaban con un fulgor azul intenso.
El gigante de las nieves se alzó imponente sobre las ruinas de su prisión, mostrando su musculoso y fornido torso bajo el cielo helado. El hombre con abrigo de pieles y las dos ancianas retrocedieron espantados, con los rostros desfigurados por el pánico absoluto al comprender que su trampa había fracasado y que la ira de la bestia se desataba sin control sobre ellos.
El Regalo Inesperado en la Boda