
En la fría y silenciosa atmósfera de la morgue, Valeria yacía recostada sobre una camilla de acero inoxidable, cubierta por una sábana de plástico transparente, mientras un médico con bata blanca sostenía una bandeja con instrumentos quirúrgicos a su lado. A través del cristal esmerilado de la puerta principal, las sombras de dos hombres comenzaron a vislumbrarse, anticipando una inminente y peligrosa visita.
Con el corazón latiendo desbocado pero manteniendo la máxima compostura, Valeria se llevó apresuradamente el dedo índice a los labios, suplicándole en un susurro desesperado al doctor que guardara silencio y fingiera que seguía muerta. Justo en ese instante, el médico cerró los ojos con fingida serenidad y ocultó cualquier rastro de vida, preparándose para el momento crítico.
La puerta se abrió de par en par y un hombre con un impecable traje oscuro ingresó al recinto con aire autoritario, preguntándole directamente al doctor si todo estaba listo para proceder. El médico, manteniendo la compostura ante la tensa mirada del visitante, asintió con lentitud y le pidió un instante de paciencia, mientras el destino de Valeria pendía de un hilo en ese sombrío y tétrico lugar.
El Rescate en la Sabana: Corazón Salvaje