
Bajo un arco decorado con rosas blancas y frente a un sacerdote que sostiene un libro abierto, una novia ataviada con un deslumbrante vestido de encaje y una tiara de brillantes se encuentra al lado de una cama de hospital. Sobre ella descansa un novio inconsciente, conectado a un respirador artificial y a un monitor de constantes vitales. Un hombre de traje negro la sostiene firmemente del brazo mientras se lleva a cabo la solemne y desacostumbrada ceremonia.
—¿Aceptas tomar a este hombre como tu esposo? —pregunta el sacerdote con voz solemne, rompiendo el silencio de la habitación.
Con los ojos anegados en lágrimas y una tristeza profunda reflejada en su mirada, la novia deja escapar un suspiro tembloroso antes de responder con un hilo de voz:
—Sí.
La Firma del DestinoEl novio continúa postrado en la camilla, con los ojos cerrados y la máscara de oxígeno cubriendo su rostro, mientras el monitor médico sigue registrando su pulso. Al fondo, los invitados reunidos en la sala aplauden con una mezcla de alegría y asombro. Finalmente, la novia se inclina levemente y coloca su mano enguantada sobre el pecho del novio, sellando un matrimonio marcado por la incertidumbre y la esperanza.