
La tensión en el gran comedor era insoportable. Los hombres de negocios, vestidos de impecable negro y rodeados de lujos ostentosos, miraban con asombro e incomodidad a la pequeña niña de coletas rosadas que se había atrevido a interrumpir su reunión. La empleada doméstica, con el rostro desencajado por el pánico, intentaba retirar a la niña a toda prisa, tartamudeando disculpas que nadie escuchaba.
—¡Señor, por favor, no debería estar aquí! —exclamó la mujer, aterrorizada por la reacción del temido jefe de la mafia.
Mira Esto:La mirada desafianteEl hombre poderoso, cubierto de tatuajes y con pesadas cadenas de oro al cuello, se quedó inmóvil. Su mirada severa, capaz de intimidar al más valiente, se fijó en la pequeña. Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar una sola palabra de reproche, la niña extendió sus manitas y colocó sobre la mesa de caoba un pequeño papel doblado, un dibujo hecho con inocencia.
—Tengo algo para ti —susurró la niña con total dulzura. La empleada doméstica dio un paso al frente con los ojos desorbitados, conteniendo la respiración y esperando lo peor. Pero el líder extendió su mano tatuada, golpeando ligeramente la superficie de la mesa con una autoridad imponente que congeló el aire en la sala. Con manos firmes, desdobló el papel.
Mira Esto:El Refugio en el CaosSus duras facciones cambiaron de golpe al ver el contenido. Era un retrato a lápiz, un poco torpe pero lleno de amor, que mostraba a una figura protectora junto a una pequeña, con unas palabras escritas al margen que removieron los rincones más profundos de su pasado. El silencio en la habitación se volvió absoluto, y el temido hombre, con la voz temblorosa, miró fijamente a la niña y preguntó con los ojos anegados en lágrimas
Mira Esto:El Precio de la Traición